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Al Pie de la Letra
La carta esférica, de Arturo Pérez-ReverteLa carta esférica
de Arturo Pérez-Reverte

Licda. Carmen González Huguet



"He navegado por océanos y bibliotecas".
Herman Melville. Moby Dick.

Con estas palabras empieza el primer capítulo de La Carta Esférica. Después de cuatro años sin publicar una novela larga, el autor de La tabla de Flandes, El Club Dumas y La piel del tambor, entre otras, regresó con una novela de casi seiscientas páginas en la que figuran sus grandes obsesiones: el enigma, la trama de misterio, la investigación histórica... y el mar.

La carta esférica es la historia de un marino, Manuel Coy, desterrado del mar por un desafortunado accidente y es rescatado por una mujer que le devuelve a la aventura marina. Cartografía histórica, antiguos archivos, museos navales y buscadores de naufragios componen el argumento de esta novela.

Es la primera vez que el mar aparece en la obra novelística de Pérez-Reverte, a pesar de que, después de retirarse del periodismo en 1994 se dedicó durante buena parte de su tiempo a la navegación. Toda la literatura del mar, desde Homero a Conrad y Melville, está explícita o implícita en las páginas de La carta esférica.

La historia comienza en Barcelona, en una subasta de objetos náuticos donde una misteriosa mujer (después sabemos que se llama Tánger Soto) pelea bravamente para quedarse con un antiguo atlas marino que detalla las costas españolas en el siglo XVIII. Manuel Coy, el marino, presencia la puja, y poco después defiende a la mujer de su atacante, el mismo hombre antipático al que ella arrebatara el atlas.

Así se involucra Coy en una intriga en la que hay de todo: un torturador argentino parecido a Peter Lorre, aquel actor bajito, gordo, de cara triste, que apareció en Casablanca y El halcón maltés; el jefe de los villanos: un buscador de tesoros, arrogante ostentoso y sin escrúpulos; matones expertos en dar palizas gratuitas; el piloto, incondicional amigo de los buenos, y los protagonistas: obviamente, Coy y Tánger.

Pero hay más: un bergantín hundido con un secreto en su interior, una oscura intriga que involucra un posible soborno, a cargo de la Compañía de Jesús en vísperas de su expulsión de España y de su posterior extinción, durante el reinado de Carlos III, ese rey borbónico al que los jóvenes de hoy sólo conocen porque aparece en la canción La puerta de Alcalá, que cantan Víctor Manuel y Ana Belén.

La carta esférica es una novela de aventuras de las que ya no se escriben. Coy pertenece a la misma estirpe que el capitán Ahab, que los protagonistas recios de Conrad, y tiene la misma pasión por el mar y por las tramas de piratas de Stevenson, cosa que Pérez Reverte nos recuerda quizá con demasiada insistencia. Al leerla, me sentí transportada a mi infancia, a la época cuando descubrí las maravillosas aventuras de Sandokan y de los Tigres de Mompracem, en las novelas de Salgari.

Hacía tiempo que no leía una novela tan capturante. Lo único que lamento es que a veces Pérez-Reverte vuelva deliberadamente lenta la acción para insertar largos monólogos de Coy que, francamente, siento que no le agregan nada importante al argumento y lo retrasan en forma innecesaria. Pero la novela sale a flote, sobre todo por la fuerza de la historia.

Muchas veces las novelas de este escritor, nacido en Cartagena, España, hace cincuenta y un años, me recuerdan a las de Alejandro Dumas padre. Una de las cosas en las que ambos se parecen es en su capacidad para crear personajes de una individualidad marcada. En El conde de Montecristo, Caderousse no se parece a Danglars, ni ambos a Villefort, ni ninguno de ellos a Fernando Mondego. Aunque todos sean los villanos de la trama, cada uno de ellos tiene una personalidad propia que lo diferencia del resto de los personajes.

Además, como ya apuntara Gabriel García Márquez, Dumas fue un escritor especialmente dotado para trenzar tramas de gran eficacia. Por ejemplo, en el mismo Conde de Montecristo, tenemos al principio a un protagonista que es un perfecto imbécil, o por lo menos, un total ingenuo. De otro modo, ¿cómo se explica que Edmundo Dantés caiga en una trampa tan burda? Con ese personaje la novela no va a ir a ninguna parte.

Arturo Pérez-ReverteSin embargo, Dumas recurre al truco de cambiar al protagonista. Cuando Dantés entra al castillo de If es un joven ingenuo, pero bastante aburrido. En prisión conoce al abate Faria, un hombre experimentado, culto, ingenioso, que además tiene un secreto capaz de convertir en millonario a aquel que se atreva a seguir sus instrucciones. Muerto el abate Faria, Dantés toma su lugar, de acuerdo con el plan que el propio abate ha elaborado. Pero no es Dantés, en realidad, quien ha logrado salir del castillo de If, sino Faria. O una mezcla con lo mejor de ambos: así nace el conde de Montecristo.

Bien. Eso que tenía Dumas, esa capacidad de armar tramas complejas, intrigas apasionantes, con personajes extraordinarios, es lo que ofrece Pérez-Reverte en sus novelas. Su narrativa se alimenta de sus años como reportero (1973-1994), cuando cubrió distintos conflictos, como los del Líbano, Eritrea, el Sahara, las Malvinas, El Salvador, Nicaragua, Chad, Libia, Sudán, Mozambique, Angola, el golpe de estado de Túnez y la guerra en los Balcanes. Se alimenta de su pasión por la historia, y al menos en este libro en concreto, por el mar. De allí surgen estas páginas que ahora comento, y que lo atraparán de principio a fin.



Licda. Carmen González Huguet
carmengonzalezh@yahoo.com












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