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Al Pie de la Letra

David Escobar Galindo, es uno de los poetas salvadoreños más lúcidos y discutidos de la actualidad.
Presentación de El Jardín Sumergido de David Escobar Galindo (Parte IV)
Por: Licda. Carmen González Huguet

Otros poetas desfilan en esta galería de espejos. Miguel Hernández, el poeta pastor, muerto en prisión, es otra de las presencias a las que acude David:

Glosa

Tanto penar para morirse uno,
Como dice Miguel, el ovejero.
Tanto penar para morir entero,
Y siempre en el instante inoportuno.

Acostarse a dormir sin miedo alguno,
Y luego no dormir porque el alero
Ya no aguanta la cruz del aguacero,
Ni hay verdad que redima del ayuno.

Morir, tanto morir, para que salga
Con su rocín la noche que cabalga
Por el nuevo fervor la anciana legua.

Dormir y despertar y estar despierto
Sintiendo que es lo mismo que estar muerto:
¡Tanto penar para penar sin tregua!

Y todas estas figuras excelsas acompañan al poeta en su viaje metafísico, atormentados por una misma angustia, y consolados por la misma palabra poética y profética. Naufragado entre todos los rostros humanos alienta un rostro que es todos los rostros. Hay un amor y hay una fe que sostienen el vivir cotidiano. Como si respondiera a aquel otro poeta que alguna vez dijo: "Sucede que me canso de ser hombre", desde una actitud radicalmente distinta ante la vida, David recurre a su inmarchitable optimismo para decir:

Rostro fugaz

No desesperes. Háblale al destino.
Dile que sí, que no, que al fin, que cuándo.
Hazte fuerte tu sangre derramando.
¿Más milagro que tú cuál tiene el trino?

Despeja la razón: en lo divino
Tú navegas también, y navegando
Toda la claridad te está esperando
Como la estrella en el confín marino.

Hoy anochece ya, pero mañana
Es el reflejo de hoy vuelto homenaje
Al que quizás mañana nos habite.

No desesperes. Suena tu campana.
Háblale al viento. Ruégale al paisaje.
¡En cuerpo y alma súmate al convite!

No puede vivir la imagen sin el ser que le da origen, como no existe la palabra sin una voz que la sostenga sonora y vitalmente. El poeta es, fundamentalmente, su palabra. Es hombre de palabra y de palabras. Y es un hombre que construye, con ellas, imágenes del mundo, que de alguna manera, en la lenta curva de la violencia sobre el lenguaje, consiguen penetrar y comprender mejor la realidad de la que son reflejos:

Duplicaciones

Yo salí caminando del espejo
Y entonces me hallé fuera de mí mismo.
Roto el imán, cuarteado el mimetismo,
Fue tan simple el poder de lo complejo.

Dios estaba mirándome, perplejo,
Y la perplejidad de su mutismo
Iba multiplicando el espejismo
Como rostros que brotan de un reflejo.

Era la tierra un cultivado escombro,
Y eso me hizo sentir que compartía
Mi soledad con todo lo viviente.

Y al mirarme a mí mismo sobre el hombro,
No supe si era Dios a quien veía,
O si era yo su espejo irreverente.

A veces la imagen transparenta al ser más íntimo. A veces la máscara es translúcida. Y al decir máscara no quiero emplear el término en un sentido peyorativo. La palabra persona deriva de la palabra latina que designaba la máscara del actor. Las personas, pues, llevamos muchas veces en la vida múltiples máscaras, algunas más diáfanas que otras. La poesía es a la vez un acto público e íntimo. Tiene mucho de impúdico, porque aunque el que habla en el poema no siempre es él, y al decir esto pienso en Raúl Contreras y Lydia Nogales, y en Fernando Pessoa y Ricardo Reis, de alguna manera, la persona que habla en el poema expresa, sostiene y constituye el ser más íntimo del poeta:

Último espejo

Si te pudiera ver, te miraría
Por el espejo donde no te miro,
Honda como el mensaje del suspiro,
Alta como la estrella que lo envía.

Y aunque de no mirarte está vacía
Esta página fiel en que conspiro,
De repente obra el sueño un leve giro
Que hace temblar de luz la lejanía.

Es tu imagen volviendo de la bruma,
Es el sol recordando que amanece,
Es la esencia virtual que se consuma.

Y ahí está la parábola que crece:
Por la ilusión que, al perecer, perfuma;
Por la pasión que, al trascender, florece.


Continuará el próximo mes...



Licda. Carmen González Huguet
carmengonzalezh@yahoo.com






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