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Al Pie de la Letra
Claudia LarsTestimonio de su tiempo: La historia en la poesía de Claudia Lars
Parte 3

Licda. Carmen González Huguet



Uno de sus raros poemas en tercetos (en toda su obra sólo acude tres veces a esta forma estrófica), lo constituye la Procesión del redentor de los esclavos, dedicado a José Simeón Cañas. En el poema, Claudia hace desfilar al prócer "como la gente buena lleva un santo".
La Tercera estampa traza un boceto rápido, pero exacto, de lo que era la ciudad de San Salvador en los años 40:
"Yo podría decirte que eres bella.... Pero debo entregarte palabras verdaderas... y mirar tu cuerpo con estos ojos que lloran y tu sueño salvado con el ángel de mi voz".

No hay, pues, afán de embellecer lo que la verdad y la mirada conocen. Por eso Claudia habla sin ambages:

"Tu orilla de miserias tiene más fuerza que tu centro egoísta... el telar del indio... huye de los mordiscos de la máquina".
No están ausentes de esta vertiginosa descripción los desastres naturales que tanto han asolado a la ciudad y a sus habitantes:
"Castigas, de pronto, derribando todo lo que te enfada, y cuando rompes los musgosos diques del agua sólo puede salvarse el Santo Fuerte".
La enumeración no deja fuera ni las rondas infantiles, ni los dramas anónimos de la maestra "quedada" y del mesón, esa casa de vecindad donde tenían su asiento la insalubridad, el hacinamiento y la pobreza. En ese mural, medio mosaico, medio collage, no está ausente el momento inmediato:
"Hay un Abril de Cruces donde el lirio se vuelve negro y dolido; hay un Rebelde Mayo de Silencios, con silenciosas palmas sobre el plomo".
Sintagmas poéticos que aluden, de nuevo, al movimiento cívico de 1944. Una nota de esperanza cierra el poema:
"Del sepultado racimo de sangre crecen las horas con rapidez de viña y del mosto más hundido en las odres de la tormenta debe brotar el zumo de arcoiris".
Cierra con un soneto: Laude y responso de don Alberto Masferrer. Tan denostado en otros años, tan celebrado también, y en ambos casos, tan poco leído y comprendido, desde el periódico Patria, Masferrer puso el dedo en la llaga de muchos de los males que padecía el país en los años 20. Habiendo apoyado al presidente Araujo, fue arrastrado por la caída del mandatario, derrocado en 1931 por el general Martínez. Enfermo, pobre y desacreditado, Masferrer regresó en 1932 al país, solo a morir.
Donde llegan los pasos, publicado en 1953, es no sólo su poemario más complejo, y uno de los más extensos, sino aquel que, de acuerdo con la doctora Matilde Elena López, marca el inicio de la madurez creativa de la escritora. Incluye los poemas: Dibujo de la fuga, Sobre rosas y hombres, Instante y elegía de un marino, De la calle y el pan, Casa sobre tu pecho, Los dos reinos, y un Envío. Es también donde Claudia se adentra en un estilo aún más alusivo, y por lo mismo, más difícil de comprender. Una creciente audacia poética la lleva a alejar el sentido de la comprensión del lector. Y sin embargo, esa audacia le permite alcanzar cotas más altas de belleza, y de justicia, en la expresión. En De la calle y el pan, esos sintagmas casi golpean al lector cuando al par del deslumbramiento de la imagen inusitada, se topa con el sentido profundo de sus palabras:
"¿A dónde vamos con los pasos del ciego, con el oscuro ladrón lleno de espanto y también con el siempre ajusticiado?

Margaritas de raso viven entre las joyas sin conocer los árboles y los números coronados de audacia se van comiendo el corazón de los tristes".
En medio de toda esa sabia geometría poética, sin embargo, brilla la conciencia de la voz que habla en su poema:
"Algo se dividió sin balanza y pocas manos reciben y disfrutan la cosecha de todos. ¡Ah, si robara las llaves!...

Porque el granero fue sellado hace siglos y temibles guardianes castigan a los hambrientos desde almenas de oro".



Continuará el próximos mes...



Licda. Carmen González Huguet
carmengonzalezh@yahoo.com






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