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Artículo por: Maribel Sánchez
maribel_pixelescuscatlecos@saltel.net
Ilustración por: NMolina

Hombres contra la muerte
Miguel Ángel Espino


Miguel Ángel Espino

Su autor Miguel Ángel Espino (1902-1967), coloca con esta obra a la novela centroamericana en un lugar privilegiado en la narrativa del continente, no solo por el enfoque sociológico y filosófico del tema, cuanto por la desnudez con que presenta a los personajes.

Se trata de seres extraídos de un mundo de injusticia secular, en abierta rebeldía contra falsas concepciones sociales, contra el despotismo de ideas y esquemas mentales impuestos a "garrote"

Con un leguaje barroco cargado de adjetivos, lleno de imágenes y metáforas, logra cincelar el rostro y el gesto de la raza americana.

"Hombres contra la muerte" fue publicado en Guatemala en 1942. El autor destaca en la obra la defensa de la dignidad de la persona humana en el gran ideal de una América Hispana unida, fuerte, de pie y jamás de rodillas.

Para muestra transcribo para ustedes un fragmento, específicamente página 37 en la que se lee:

"Ramiro Cañas duerme sobre la alfombra dulce de sus seis días de camino. No tiene tiempo de pensar. Si el capataz le diera permiso de soñar, en esta primera noche, después de rodar por la breña, entre un monte que a cada paso se cierra para perderlo, probablemente soñaría para atrás, no para adelante. Recordaría...

¡Aquel pueblo que nació muñéndose! Era suave, tranquilo, callado. Un pueblecito como todos los de la costa centroamericana, con un campanario y muchos celajes. Con viejecitas que se van despintando poco a poco y labriegos que trabajan de sol a sol, tienen hijos y de tanto regar la tierra con el sudor, un día la tierra los recoge, los cubre con un beso de flores y los deja descansar entre los surcos, para que sigan cuidando las cosechas con su sonrisa.

Pero un pueblo donde no se puede dar un salto, porque se cae en la locura de los caminos, y los pies corren, y la prisa comienza a cantar, y los muchachos lo dejan atrás, lo dejan atrás como él lo dejó, hasta que una tarde regresan, con el corazón lleno de paisajes, y van por las calles como si fueran extranjeros vendiendo pedacitos de panoramas que asustan a las muchachas y hacen persignarse a las abuelas, porque tienen un color de esos que el cura prohíbe en las blusas.

Naturalmente que la mamá sigue haciendo caramelos para vender como el papá ya está cansado por el peso de sesenta inviernos, le entregan la finca de café para que en sus manos vuelva a florecer.

Como quisiera hacerla florecer, qué daría por temblar otra vez con las esperanzas de los viejos, cómo le gustaría encontrar la ilusión en los ojos de una mujercita sencilla y renunciar a la ansiedad de los libros, ser otra vez un muchacho que se contenta con romper la tierra, domar la ladera y montar el arado sobre las lomas que lava el viento y arrancarles mazorcas, luchando contra la sequía y contra el chapulín. Ver el monte, y contentarse con el monte.

Medirlo, cuidarlo, cercarlo, guardar el maíz y vender el fríjol y reservar la semilla. Ser como su padre, que lo fue haciendo a golpes de azadón, sin importarle que la fatiga lo curvara sobre la reja, apelmazando la tierra negra, para que no la arrastrara la lluvia, rajando los pedruscos, domesticando a cintarazos las pendientes ingratas, de tierra blanca, pidiendo a los barrancos un pedacito más para su milpa"

Con un prólogo escrito por Italo López Vallecillos, profundo y muy ilustrativo para el lector; este libro es como lo dice el prologuista: "Un documento literario que debemos leer con entusiasmo pero también con particular interés"

Tomado de "Hombres contra la muerte" Miguel Ángel Espino. Colección Gavidia, Vol. 16. UCA Editores.


"Hombres contra la muerte" de Miguel Ángel Espino


Portada


Contraportada


"Diccionario de Autoras y Autores de
El Salvador" de Carlos Cañas-Dinarte



Portada


Contraportada

Le acompaño hasta aquí y nos encontramos en la próxima edición.

Maribel Sánchez
maribel_pixelescuscatlecos@saltel.net



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