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"Que Dios Se Lo Pague"
Por: Licda. Roxana Sánchez Molina
Animación/Ilustración: NMolina

Queridos compatriotas, llegamos a nuestro primer año de presencia en el ciberespacio, ¡Gracias a Dios! y ¡Gracias a Ustedes!

A la licenciada Carmen González-Huguet; al caballero Ernesto Rivas Gallont y al licenciado Boris Barraza, quiero decirles que sus nombres están grabados en la mente y corazón de todo el equipo de trabajo. La aceptación inmediata y espontánea a colaborar para nuestros pixeles ha sido muy significativa y no dudamos que su talento ha contribuido grandemente a la proyección que hemos alcanzado en este período, que aunque corto, ya está plagado de éxitos y satisfacciones.

Por supuesto, también agradecemos a todas las personas que de una u otra forma nos han colaborado a lo largo de este primer año y que por razones de espacio no podemos nombrarlas a todas. Tantas manifestaciones de aprecio y de gusto por esta revista son muy apreciadas y agradecidas también.

Tanto como las menciones en programas de televisión y de prensa; los votos para el concurso de La Arroba de Oro que ustedes nos concedieron y más recientemente la postulación al "World Summit Award" por parte de nuestro querido amigo -si me permite colocarlo en esa posición- Ing. Rafael (Lito) Ibarra ¡Gracias!

Al equipo interno de trabajo quiero decirle que he descubierto grandes potencialidades que ante mis ojos les enriquecen y llenan de satisfacción mi corazón.

Me siento orgullosa de todos y cada uno de ustedes. ¡Que Dios se los pague!

A mi... ¡siempre me gustó escribir! hasta que algo que escribí en mi niñez dañó a alguien a quien me unen lazos de sangre y de amor.

En ese momento no supe explicar que aquello, lo escrito, tenía que ver conmigo nada más. Era mi proceso de asimilación del alcance de mi entorno y sobre mi propia vida. ¡Nada que ver con esa persona! ¡La quiero y respeto mucho!

Pero entonces comprendí... que no sólo se escribe sobre un papel sino también en los corazones de aquellos que nos leen.

Espero que sus corazones encuentren el camino que deseamos mostrar: nuestra identidad cultural.

Esta identidad, que nos enorgullece a muchos, proviene ¡a mucha honra! de una raza por demás aguerrida y valiente.

Todavía recuerdo, en mi niñez, a personas cuyo valor moral y espiritual alumbró mi camino y fue ejemplo para mi vida. Personas que marcaron mi gusto por lo simple y lo sincero.

"Que Dios se lo pague" era la expresión que abundaba en esos días. La que lamento haya ido perdiendo vigencia; y con ella la intención de una bendición.

Otra expresión similar la describe mejor nuestro querido Miguel Ángel Espino en Prosas Escogidas. Con permiso de Clásicos de la Literatura, la transcribo en esta oportunidad para ustedes y, al igual que mis palabras anteriores, encierran una bendición para todos y cada uno de ustedes. ¡Gracias!

"Dios le dé el cielo.

Hoy le repito las palabras santas de las viejecitas del pueblo, cuando alargan las manos muertas para bendecir una gracia: 'Dios le dé el cielo...'

Dios le dé el cielo con su vida azul, sus estrellas hondas y su delirio de alas.

Porque tenía las manos claras y el corazón oloroso. Brisa viajera cosa de paso, lucecita errante y feliz.

Valía gloria aquella fruta caliente y sencilla de su boca. Miel alta, miel loca, miel de alegría.

Fue una mañanita su amor. Madrugó claridad fragante sobre la tierra fatigada de mi ser. Su amor fue una mañanita.

Dios le dé el cielo por todo. Por dulce y por lejana, por imposible y por triste. Porque pasó y no se detuvo. Porque la amé y no se lo dije. Porque la sueño y no lo sabe. Dios le dé el cielo por todo...

Hoy le repito las palabras milagrosas de las viejecitas del pueblo cuando alargan las manos marchitas para bendecir una gracia: "Dios le dé el cielo..." porque tenía las manos claras y el corazón oloroso.

Dios le dé el cielo..."



Licda. Roxana Sánchez Molina
roxana_pixelescuscatlecos@saltel.net




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