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El amate: árbol de la cultura

En los tiempos de la gentilidad, el mejor adorno de nuestras montañas equinocciales y de nuestras llanuras herbáceas eran corpulentos y seculares amates, árboles que con sus espesos y lustrosos follajes de un color verde-oscuro intenso contribuían a embellecer aún más el paisaje del antiguo y bravío Cuzcatlán.

Este árbol pertenece a la familia de las Moráceas y al género Ficus con más de 700 especies en el Antiguo y Nuevo Mundo.
Los nahua-pipiles lo conocían con el nombre de amacuáhuit (en nahua azteca amaquauitl), de Cuáhuit, quauitl, árbol, y ámat, amat, papel, carta: "árbol del papel". Los mayas le dieron el apelativo de Copó, los tarascos de siranda, los sumos y uluas sánsan, etc.

Entre los Ficus de América figuran el matapalo, planta parásita de flores rojas y altamente destructora; el Chilamate, de gran altura, corpulencia y poderosas ramificaciones, que emite brotes que se enraízan y dan al árbol el aspecto de pórtico de un templo; el Capulamate, cuyo fruto es pequeño como el del capulín; el hule o higüero del caucho, de gran importancia industrial; pero indudablemente la especie más generalizada es el Ámate vulgar o higüero de las ruinas (Ficus partusa), el árbol sagrado de Cuzcatlán, el árbol de la cultura.

Los pueblos precolombinos de México y América Central -incluyendo, a los yaquis o pipiles- aprovechaban el líber de la corteza de amacuáhuil o amaquauitl para manufacturar un tipo especial de papel, que era objeto de intenso comercio y una de las tributaciones más apreciadas por los grandes señores.

Con unos cuchillos afilados de obsidiana o vidrio volcánico (iz o itztii) el macehual cortaba largas tiras de corteza de los troncos y gruesas ramas de dichos árboles. Luego las colocaban sobre unas piedras planas y lisas, de grano fino, y las golpeaban con mazos líticos estriados o acanalados hasta erradicar completamente la sabia, uniendo por este procedimiento unas tiras con otras.
En seguida, se les recubría con una sustancia conglutinante o goma natural y se les pulía o lujaba mediante un objeto denominado shicáltet o xicaltetl.

Finalmente; se les echaba una capa o baño de carbonato de cal o lechada de cal (tenesh o tenextli). Así, el amat o papel quedaba listo para ser usado.

En la sociedad nahua-pipil era muy estimado el tacuilu o sea el pintor o escritor, el que podía estampar en papel los pictogramas, jeroglíficos e idiogramas prehistóricos. Se llamaba amatacuílu al escribano o secretario y amushta-cuilu al autor de un libro u obra.

Los indígenas de México y la América Central escribieron en un papel grueso obtenido, de la corteza del amate, el árbol sagrado de Cuzcatlán, el árbol de la cultura...

Tomado de El Salvador: Descubrimiento, conquista y colonización. Jorge Lardé y Larín. Volumen 3
Biblioteca de Historia Salvadoreña. Dirección de Publicaciones e Impresos. CONCULTURA.



Por: Paola Medina.


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