Murió la Flor

Tenía la cabeza algo cana
porque no fue en vano su tristeza,
vivió para ver el ocaso del día que se muere, y no vuelve.
Había pasado muchos años fuera de su pueblo en un país extraño, ya no era un muchacho, ya no era un niño, sino un viejo que regresa después de muchos años.

Al igual que en el jardín se mueren, se mueren las hojas y las flores…
Las hojas y las flores que un día botones fueron, que germinaron con las primeras gotas de lluvia, pero al terminar la noche también murieron ellas, las flores y las hojas… no fue larga su existencia.

¿Quién podría asegurar que habrá un mañana?
¿Quién puede despertar y estar seguro?
Que habrá un sol, un río, y una mañana, en la vida del alma mía,
así es el jardín de los mortales, nacemos y morimos,
¡tan corta es la existencia!

¡Vio aquel viejo, el jardín de sus abriles!
Se puso a contemplar los años, por eso regresó a su pueblo pero él ya no era el mismo.
Tan efímera es la vida, como el botón que nace y muere al esconderse el día,
también se terminaron para él sus años
y murió como mueren todos los mortales…
en el otoño, sus ojos se cerraron para siempre antes de repuntar el nuevo día.

 


Por: José Peña Urrutia
Tomado de su libro: "Mango maduro no vuelve a verde."
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