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Honores recibidos  


O
bservando un día de estos un imponente y frondoso amate recordé que en casi todos los pueblos hay uno de ellos bajo cuya sombra se han hilvanado historias y se han vívido momentos inolvidables. Casi extintos deberíamos tratar de rescatarlos y reforestar con ellos.

El historiador, Don Jorge Lardé y Larín, refiere que por 1924, el príncipe de los prosistas salvadoreños Lic. Miguel Ángel Espino, escribía: "El amate es el laurel de Cuscatlán. De su corteza los pipiles hacían el papel. Árbol del pensamiento, en él vivía la idea, y se perpetuaban la leyenda y la canción", y también la fábula y el mito, que tejieron la fantasía popular y erigieron a la categoría de dogmas los sabios sacerdotes de la antigüedad pagana.

"Si se tratara de reformar el escudo de El Salvador -agregaba Espino con su hermosa y no superada prosa-, yo pondría en el fondo, más visible que todo... un amate. Representaría el caserío. Sería el símbolo de la choza que se esconde, huraña, en el recodo polvoriento del viejo camino. Porque tal vez os habéis fijado en el paisaje más popular de Cuscatlán: la casita de paja, y cerca, extendiendo su ramaje vencido y cariñoso, un amate. Un amate triste, un amate silencioso, un amate sombrío.... Todos los amates son así. Sus ramas no rompen el cielo. Las extienden, las alargan, las refuerzan en dirección al horizonte. Más que árboles son dolores con ramas, tristezas con hojas, suspiros con raíces. Yo no he podido imaginar paisaje más triste y más bello, que el de un amate parado eternamente a la orilla del río, que llora su pena en la corriente, y moje su dolor en agua limpia".

Y Arturo Ambrogi vibrante y ameno cronista escribió: "El amate canta…Los pájaros le buscan, por más seguro, para elaborar sus nidos. Al despuntar la mañana, en su fronda arde el barullo. El gallo, antes de saltar a tierra lanza desde sus ramas las postreras clarinadas que repercuten sonoras.

En medio del patio, frente al rancho, proyectando su intenso manchón de sombra sobre la pajiza de techumbre, se alza el amate.

Y en este sencillo paisaje, que tiene por perpetuo fondo una cadena de montañas muy zarcas, y en el que un frondoso amate, está plantado y despliega su sombrilla de hojarasca esmaltada junto al pajizo rancho, lo veréis reproducirse a cada vuelta de vereda, en cada rinconada, si se os ocurre alguna vez transitar por estos apartados sitios".

Y agrega también que: "El amate es sagrado. Intocable. No hay hacha que se atreva a profanar su tronco…"

Al leer estas líneas queridos visitantes espero que nos motivemos a rescatar este árbol que siempre ha estado presente en la historia de nuestro país y en la vida cotidiana de nuestros campesinos, niños y jóvenes que han jugado, descansado y llorado bajo su gratificante sombra.

¡Hasta nuestra próxima miscelánea!




Fotos: pixelescuscatlecos.com



Artículo: Maribel Sánchez
maribel_pixelescuscatlecos@saltel.net

Fotos: pixelescuscatlecos.com
rocio_pixelescuscatlecos@hotmail.com


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