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Quien no ha degustado alguna vez, un alboroto!



Fotos: Sara Rocío Sánchez Rodríguez.

En esta multiforme, flexible y colorida sección quiero contarles sobre un delicioso bocadillo. Son riquísimos. De niña solía disfrutar de ellos frecuentemente. ¡Los comía con avidez!. Su sabor es peculiar, tan singular que nada se compara a estos. Son de maicillo y miel a punto de caramelo, no de maíz como piensa mucha gente.

El maicillo es una planta gramínea, cuyo fruto es muy nutritivo; por cierto, constituye el único alimento de ciertos pueblos de la América Central. Los alborotos se compraban antes como se compran hoy las "boquitas". Éstas han desplazado en gran porcentaje el consumo de dulces y manjares artesanales. Aparte de que se puede conseguir una boquita por $0.10 ctvs., en tanto que los dulces y otros antojitos artesanales, específicamente el alboroto cuesta $0.25 ctvs. cada uno de los grandes. Hay pequeños y grandes pero en realidad lo que ha elevado su costo es la mano de obra y la materia prima.

El volumen de venta también influye, no se producen por millares en plantas industriales, sino que son hechos en pequeñas industrias caseras. Su elaboración parece sencilla, pero en realidad no lo es. Para que tenga una idea de cómo se realizan he aquí su procedimiento.

El maicillo se moja lo necesario, luego, se coloca en un comal bien caliente. Se tapa rápido con un guacal de metal para que éste no se caiga pues tan pronto toca el comal empiezan a reventar estos diminutos granitos, en estrépito desorden e inquietud. Saltando por doquier parece una lluvia de minúsculas rositas. El alboroto que se forma es grande, de ahí toma su nombre.



Fotos: Sara Rocío Sánchez Rodríguez.

La miel de caña a punto de caramelo, caliente, se coloca sobre el maicillo que ha sido previamente trasladado a un guacal grande. Se bate muy bien para que se incorporen de forma homogénea maicillo y miel; mágica combinación que da como resultado un toque inconfundible. Así, caliente, se procede a formar bolas grandes y pequeñas, se dejan enfriar y ¡listo! ¿parece sencillo verdad?, pero no lo es. Hay que conocer el punto para remojar el maicillo y para la miel que debe haber alcanzado el toque exacto de consistencia para trabajar el producto cuando aún esta caliente. Es cuestión de segundos.

La próxima vez que usted vea un alboroto, regálese uno. Le aseguro que le parecerá delicioso. Y si ya lo probó… continúe consumiéndolo porque es parte de nuestra cultura y con esto permite que esta delicia no desaparezca del mercado o plaza de su pueblo o ciudad. Muchos artesanos dependen de esta industria, pequeña, pero perfilada a mantener un delicioso producto.

Espero, querida(o) cibernauta que les haya gustado esta información sobre los alborotos. Ojalá me encuentre con usted en el próximo artículo de la serie con nueva y valiosa información y espero también que hayan acudido a su mente muchos momentos gratos de su niñez en la que indudablemente estaba presente un alboroto.

Artículo: Maribel Sánchez.
luzcecitas@yahoo.com

Fotos: Sara Rocío Sánchez Rodríguez.
rocio_pixelescuscatlecos@hotmail.com





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