'); document.write(''); // End -->



 
 
Enviar artículo | Imprimir artículo

¡


Apúrate mamita! -mirá que me has hecho falta; tenés como cuatro días sin venir! ¿Qué te había pasado?...mirá haceme unos "tamalitos" y me partís la semita alta y la quesadilla…purate!

Tales peticiones las hacía la niña Rosa a su eventual ayudante, una niña de nueve años aproximadamente. Aunque la chica no era su empleada, si gustaba de ayudar a la niña Rosa en estos menesteres.

La tienda era pequeña pero surtida. Así que tan pronto entraba a ésta, empezaba con agilidad a envolver en hojas de huerto, marchitas, la manteca de cerdo; la medida a envolver era una cucharada sopera encopetada, que una vez lista parecía un pequeño tamal cuadrado por el que se pagaba un "cuartillo", es decir, tres centavos de colón. Empacaba cincuenta paquetitos por jornada.

Concluida esta labor, pasaba a la mesa, donde reposaban en latas, la semita alta y la quesadilla. Colocaba un "taburete" para ubicarse mejor, se subía en él y cuchillo en mano, empezaba a partir firme y rectamente las veinticuatro porciones que cada lata rendía.

Al terminar, (más o menos veinte minutos) doña Rosa procedía a dar las gracias y enseguida le extendía una bolsa de papel kraft mediana y le indicaba cálida y presurosa: vaya mamita, que Dios te lo pague, purate agarra tus dulcitos para mañana; o mejor no! Agarra para unos tres días y para tus hermanos. Y apúrate! No te vayan a regañar! ¡Tiacordás que lo más que me duran son tres días oyiste. Hoy es viernes verá…apues el lunes, venís pero de verdá venis oyistes!

La chica siempre calladita; asentía con la cabeza. Extrañamente la niña Rosa y ella casi nunca cruzaban palabra; por la hora la tienda tenía demanda y su dueña gustaba de despachar sin prisa.

La chica por ende se limitaba a envolver y partir. Entre tendera y chica sin embargo se había establecido un nexo muy fuerte: el de la gratitud; una agradecía la ayuda y pericia de la otra; y ésta a su vez la generosidad y dulzura de aquella.

Entre miradas que de vez en cuando cruzaban nació este silencio afectuoso y recíproco y estas líneas llenas de nostalgia nacen porque la niña Rosa me enseño hace cuarenta y nueve años que el silencio y el afecto van juntos, que no es necesario hablar tanto para advertir la luz de una mirada amorosa, llena de gratitud y genuinamente sincera.

Me alejaba corriendo a toda prisa con el deseo de volver a ayudarla. No recuerdo su apellido pero sí su fortaleza y ganas de salir adelante ayudando a los que estábamos a su alrededor, así era la niña Rosa.

Si usted desea compartir sus recuerdos puede escribirme a: luzcecitas@yahoo.com. Hasta nuestra próxima miscelánea.


Artículo: Maribel Sánchez.
luzcecitas@yahoo.com

Fotos: Sara de Aguilar
rocio_pixelescuscatlecos@hotmail.com





Datos Generales de El Salvador
| Wallpapers | Música Folclórica | Clima (snet.gob.sv)
Quienes somos | Nuestro objetivo | Copyrights | Privacidad

© 2002 - 2008 Pixeles Cuscatlecos - Revista de El Salvador. Todos Los Derechos Reservados.


P      U      B      L      I      C      I      D      A      D      :


   Agregar a favoritos | Haga esta su página de inicio | Imprima esta página | '); } else { document.write('Envíe esta página a un amigo'); } // End -->  |