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ACERCAMIENTO PSICOSOCIAL PARA COMPRENDER EL FENÓMENO DE LAS MARAS EN EL SALVADOR [Parte 5]
Lic. Boris O. Barraza F.


Luego no nos extrañemos que nuestros hijos prefieran estar más tiempo con sus amigos que con nosotros en nuestra casa. Es importante señalar que en compañía de otros los muchachos se arriesgan a hacer cosas que solos no se atreverían. Y en este sentido buscan la ruptura de normas, que se va a conformar como parte de las experiencias de reto.

El individuo mismo es el último de los agentes socializadores. Esto se refiere a que cada persona es el protagonista de su propia incorporación social. ¿Cómo se materializa esto? A través del factor volitivo del ser humano. Es decir que cada persona voluntariamente lucha por pertenecer a ciertos ambientes sociales que se vuelven significativos para él. Cada individuo se esforzará por ser parte de aquellos grupos sociales con los que se siente identificado.

Esto tiene mayor significado cuando se considera la naturaleza gregaria del ser humano. Dicho en otros términos, es natural que los individuos tendamos a la búsqueda de otros similares a nosotros para estructurar grupos y asociaciones. Lo no natural sería, por tanto, la permanencia aislada de un individuo, el rechazo a otros para evitar la integración grupal.

Una consideración adicional hay que hacer con relación a la constante pérdida del control de impulsos que caracteriza a las personas involucradas en una sistemática manifestación de comportamientos agresivos y/o delincuenciales.

Los teóricos del psicoanálisis aseguran que todos los seres humanos podríamos experimentar, en algún momento de nuestra vida, un pensamiento e incluso un sentimiento extremadamente violento que incluiría ideas de asesinato.

Pero muy pocos llegan a materializar estas ideas, ya que en el proceso socializador las personas incorporamos, introyectamos, en el interior de nuestra psique aquellos frenos sociales y morales que impiden que estas ideas se concreten. Pero para que estos frenos morales existan es necesario que TODOS LOS AGENTES SOCIALIZADORES cumplan adecuadamente su papel de incorporar a los individuos a la sociedad en la cual están viviendo.

Acercamiento a otras variables intervinientes

A pesar que la combinación de las 6 variables anteriormente expresadas (la familia, la escuela, la religión, los medios de comunicación social, los pares y el individuo mismo) pueden darnos un acercamiento para entender el fenómeno de las maras, no debemos olvidar que estas variables tienen realidad en un contexto histórico y social caracterizado por circunstancias de un sistemático empobrecimiento como consecuencia de ausencia de fuentes de trabajo para mejorar la calidad de vida de la mayoría de la población salvadoreña.

Aún cuando se haga un abordaje desde esas seis variables socializadoras, la comprensión del fenómeno de las maras parecería inacabado, ya que hay que echar una mirada a otros sucesos históricos como la inmigración rural hacia el ámbito urbano, producto, primero de los años de guerra civil que desangró a El Salvador y que se centró básicamente en el área rural; y en segundo lugar al acelerado proceso de muerte de nuestra agricultura: los cultivos de algodón han desaparecido, cada año se reducen más las áreas de cultivo del café. El maíz, junto con el maicillo y la caña de azúcar, experimentan este mismo fenómeno.

Además hay que sumar a esto que algunas zonas dedicadas a cultivos se han lotificado para la construcción habitacional. Por tanto la mano de obra agrícola poco a poco se va quedando sin fuentes de trabajo, sin posibilidad de sustento para las familias campesinas. Es lógico pensar, entonces, que los centros urbanos se convierten en la esperanza para la sobre vivencia.

Lamentablemente en las ciudades salvadoreñas no se encuentran suficientes fuentes de trabajo que puedan absorber a estas personas, por lo que se generan grandes porcentajes de desempleados o subempleados, gestándose, simultáneamente, y en completo desorden, comunidades marginales caracterizadas por un deshumanizado hacinamiento, donde hay que sobrevivir a toda costa.

A nadie sorprenda entonces, que estas comunidades, llamadas eufemísticamente "en vías de desarrollo", sean semilleros de maras, prostitución, narcotráfico y todo tipo de conductas delincuenciales.

Con esto no quiero decir que todos los habitantes de las comunidades marginales sean delincuentes, ni que los altos índices de delincuencia nazcan exclusivamente en las comunidades marginales. No es así. También los delitos de cuello blanco y el crimen organizado, en cualquiera de sus expresiones se encuentran a todo lo largo de nuestra pirámide social.




Lic. Boris O. Barraza F.
borisbarraza@hotmail.com





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