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- Edición 26 - Salvadoreños Ejemplares  

 



En este 2005, Señor
Autor: Federico Hernández Aguilar.

Fuente: El Diario de Hoy, Sección Opinión, 8 de Enero 2005.

En este nuevo año, Señor, permíteme recordar el polvo del cual me sacaste, reconociendo que toda palabra, acción o proyecto noble que nace en mi corazón es producto de mi fe en ti y no de mis escasas fuerzas. Déjame, Padre, acudir a tu misericordia con la humildad sincera de quien sabe, a fuerza de comprobarlo hasta en los más pequeños detalles, que Tú escuchas y socorres a los que te piden confiadamente.

Bendito seas, Señor, porque no hay aspiración más hermosa que la de intentar convertirnos en instrumentos de tu grandeza, de tu generosidad o de tu justicia. Perdona, sin embargo, cuando en este año faltemos a nuestras citas con tu misericordia. Tú bien conoces las debilidades de tus criaturas, y por eso nos has otorgado la maravillosa capacidad de arrepentirnos. ¡Recíbenos en tus brazos, Padre, para demostrarnos que tu perdón es infinitamente más poderoso que nuestra debilidad!

Ayúdame a combatir la tentación de pedir cosas para mi exclusivo beneficio. Dame la posibilidad de descubrir que los dones que otorgas traen consigo una responsabilidad: la de ser útiles a otros antes que a mí mismo. Ilumíname, Señor, para pedirte carismas que mi condición humana sepa manejar, de manera que no reciba nunca, aunque te lo implore, motivos para creerme más de lo que soy.

Concédeme la verdad que conforta y no la certeza que acusa. Si mi fe me acerca a ti, que no por ella me aleje de quienes no la comparten. Tú conoces las necesidades de cada alma, pero has puesto a mi cargo una sola: la mía. Si me das fuerza para levantarme de mis caídas, que no sea yo quien juzgue los tropiezos ajenos.

A los que nos has colocado en cargos de servicio, Señor, concédenos la dicha de sentirnos, antes que nada, agradecidos contigo. Que no olvidemos nunca que los puestos de esta tierra, por muy altos que sean, en nada se comparan a los puestos que Tú reservas en el cielo a quienes son sencillos de espíritu. Despierta en nosotros, todos los días, la necesidad de acudir a Ti. Que no haya reunión de trabajo más efectiva que la oración; que no haya asesor más confiable que Tú.

Gracias, Padre nuestro, porque has puesto al prójimo en todas partes, incluso en quienes sólo buscan la mejor forma de hacernos daño. Permítenos una pizca, apenas una gota, de la grandeza celestial de tu Hijo, que ante el dolor intenso de la condena injusta, ¡elevó una petición de perdón para sus verdugos!

A nosotros, Señor, nos es imposible emular la sinceridad conmovida de Jesucristo; creo, sin embargo, que podemos aspirar a sentirnos dichosos con la íntima convicción del deber cumplido, aunque la incomprensión y la mala voluntad nos rodeen.

Ayúdanos a aceptar, Dios mío, que el privilegio de servir a nuestro país a veces puede pagarse al precio de nuestra reputación. Concédenos, pues, el valioso regalo de una conciencia tranquila. Que no turbe nuestro ánimo la injusticia humana; que no doblegue a nuestro espíritu la calumnia; que no haya antagonista capaz de impedir que hagamos lo que nos parece correcto hacer. Y juzga Tú, Señor, las intenciones con que unos y otros hemos actuado.

Bendito seas, Padre, porque has puesto en mi mente la absoluta seguridad de que nada ocurre casualmente, y que si mi ánimo es alterado por algo o por alguien, ello es producto de una elección de la que soy enteramente responsable. Por eso, en los umbrales de este nuevo año, me alegra informarte que no tengo enemigos, que no me he permitido empezar a odiar y que, en cambio, sigo confiando en el poder que tienes para transformar a los seres humanos, por muy lejos que se encuentren de Ti. Concédeme llegar al año 2006 con esta misma paz, con esta íntima alegría.

Finalmente, Señor, pido tu bendición para quienes, con el secreto objetivo de pulirme, van a ser tus instrumentos: para los que harán mis proyectos más fáciles de cumplir y para los que se encargarán de obstaculizarlos; para los que endulzarán mis días y para los que tratarán por todos los medios de amargarlos; para los que serán, en fin, para mi felicidad y mi dolor, para mi satisfacción o mi frustración, las generosas herramientas de tus designios divinos.

Y si entre tus planes está, mi Dios, darle a mi país y a mis compatriotas nuevas razones para amarte, cuéntame entre los que, sin saber cómo ni por dónde, pretenden ayudarte.

...Sin palabras! ¡Hasta la próxima!

Coordinación:
Licda. Roxana Sánchez Molina
roxana_pixelescuscatlecos@saltel.net






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