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   - Edición 34 - VIVENCIANDO LO NUESTRO

 

En la edición número 30, abrimos para ustedes, queridos cibernautas y Francisco Andrés Escobar, este espacio para que puedan conversar acerca del hábito de la lectura y como éste da "vivencias" a quienes lo disfrutan.

… viene de las cuatro ediciones anteriores.

Este artículo me ha enseñado mucho, no solo en torno al poder de los libros para cambiar vidas, sino en torno al proceso de habérnoslas con ellos, para que nos cambien. Creo que, como adultos, muchos tenemos el feo vicio de la seriedad solemne. Ante nosotros, sólo adquiere estatura literaria aquello que, en un decir que he oído atribuirlo a Borges, "tiene el mérito del tedio". Y por eso insistimos en que nuestras generaciones hijas o nietas lean enjundias buenas para especialistas, pero no para la muchachada que viene por primera vez al patrio de la lectura. Harry Potter está cambiando vidas niñas y vidas jóvenes. Las está haciendo pasar de la bibliofobia a la bibliofilia. Y este primer cambio es en verdad trascendental, porque de él dependerán otras transformaciones existenciales mayores que ya operarán en su momento otros libros diferentes.

A estas alturas de lo dicho, creo que siempre surge una pregunta entre quienes abordamos la difícil y hermosa tarea de educar: ¿basta con el deleite de la lectura, o se la puede poner a producir para que ella y los libros den más de si?

El hecho de dar un arponazo de luz, y de abrir las apetencias por más luces, es ya bastante para un libro. Deberíamos contentarnos con eso. Sin embargo, creo que, sin forzar mucho las circunstancias, se puede poner a producir -expresión de un venerado maestro- la lectura, para que el libro cumpla mejor con lo suyo.

Pensando en cómo hacer operante este "poner a producir" el libro y la lectura, providencialmente un maestro me ha dado, en una carta, unas ideas que acepto y comparto:

"Amigo querido: me pregunta usted sobre mis recursos para la enseñanza de la lengua y la literatura. Debo decirle que me gusta poco la clase expositiva. No quiero decir que no la uso. No. Quiero decir, más bien, que la utilizo cuando es estrictamente necesaria para explicar aquellos contenidos que, de otro modo, serían incomprensibles o indigestos para el alumnado. Así que, en lengua, elaboro ejercicios de sintaxis y expresión que el alumnado va resolviendo en el aula, con mi ayuda. En literatura recurro a múltiples recursos con los cuales pretendo asegurarme de que el alumnado crezca en conocimiento, actitudes y valores. Uno de estos recursos -no el único- es la carta. Le explico.

Una carta es un escrito tan personal que pone a vibrar lo mejor del pensamiento, del sentimiento y de la expresión. Una carta en buena medida es uno mismo puesto en letras. En una carta queda uno tal como ha sido, como es y como quiere ser. Quizás por eso no hay nada tan sabroso como leer la correspondencia de hombres y mujeres que trabajan en algún campo de la cultura. Uno no sólo se asoma al alma de ellos; se asoma, también, al alma de una sociedad y de una época.

Por estas y otras razones, me gusta enseñar la literatura mediante el recurso de las cartas. Cómo, me dirá usted. Vea. Mis muchachos y muchachas leen un cuento o una breve novela. Entonces yo les pido que escriban una carta, asumiendo diversos puntos de vista. Así, a veces alguien, puesto en el punto de vista del personaje, reclama al autor por el destino que le ha dado en la obra. A veces alguien, situado en el tradicional punto de vista del lector, le expresa al autor -o a otro lector- su valoración general de la obra.

Como comprenderá, las posibilidades son muchas, y su clave está en el manejo del punto de vista. Debo decirle que, en cualquier posibilidad, siempre me he encontrado con escritos sorprendentes. Claro que siempre hay excepciones: el muchacho que quiere algo más "sexcitante", la muchachita que tiene repelús por todo aquello que no sea plástico y cosmético. En esos casos, individualizo aún más. Y suele haber buenos resultados.

Sería largo enumerarle los beneficios que este recurso epistolar supone: mejora de modo creciente la expresión, amplía la percepción y la comprensión del mundo y la vida, permite integrar en la persona los contenidos de las lecturas, propicia el desarrollo del pensamiento reflexivo, potencia la imaginación creadora, y un alargado etcétera.

La carta sigue con unos dos párrafos más, pero lo sustancial para el propósito por el que la he traído a cuento está en los párrafos que he compartido.

Allá, en la infancia, mi abuela nunca recurrió a estos lúcidos expedientes. Tenía, sin embargo, una especial pedagogía: aquella que funda el crecimiento humano en los buenos viajes, la buena lectura, y la buena conversación. Quizás por eso, fuéramos a donde fuéramos en nuestros modestos viajes provincianos, de pronto empezábamos a hablar sobre los libros que íbamos leyendo juntos. Esas luminosas jornadas profundizaban y solidificaban los contenidos que los libros ya me habían dado y, sin siquiera pensarlo, abrían brecha para que ellos pudieran operar su vocación transformadora.

¡Se han ido ya tantos años! Los libros me cambiaron y me siguen cambiando. Con ellos muchas veces cambié vidas, y tengo la esperanza de cambiar otras. Por eso los amo: por su enorme poder, que es diferente de otra clase de poderes con los que de ordinario uno se engolosina.

Y porque el amor siempre espera una palabra que lo confirme, déjenme terminar estas ya prolongadas palabras con un breve poema con el que suelo calzar cualquier exposición sobre estos incondicionales y milagrosos amigos.

MI LIBRO

Compañero del alba esclarecida,
portador de la luz más diferente:
te agradecen mis labios y mi frente
tu amistad tan constante y tan sentida.

En el dulce minuto de la vida
y en la espina del hipo más doliente,
siempre tú estás allí, firme, presente.
Escanciando magnolias en mi herida.

Recostado en los viejos anaqueles
de la humilde penumbra donde vivo
te protege mi gesto más amable,

porque nunca te vi extraño, ni altivo:
me vas dando tus horas siempre fieles
y el rumor de tu voz más perdurable.

Espero lo hayan disfrutado tanto como yo.
Hasta nuestra próxima vivencia.



Francisco Andrés Escobar


Coordinación: Maribel Sánchez
maribel_pixelescuscatlecos@saltel.net

Fotos: Sara Rocío Sánchez Rodríguez
rocio_pixelescuscatlecos@hotmail.com



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