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Fotos: Sara Rocío Sánchez Rodríguez.

ste mes he querido presentarles una de las más divertidas estampas de nuestra niñez, que me llenó de aventuras e historias, y que por nuestro afán de llegar al modernismo, se nos ha ido por alto, lo verdaderamente inolvidable “Cuando nos escapábamos al río”. Espero que se deleiten con este pequeño relato.

—¡Conchita! ¡Sálgase de ay!, mire que va agarrar piojos, se la va a llevar la ¡correntada!

Así le gritaba su abuelita, que desde el puente insistía a señas y muecas, las cuales expresaban su enojo y aflicción de sólo pensar que podría pasarle algo malo.

—¡Que se salga del río le digo!. Pero para Conchita era incomprensible pedirle que se saliera de la poza del río que cuidadosamente había sido seleccionada, y de esta manera pasar un rato muy ameno y grandioso, en donde la paz y el canto del río eran su mayor concentración y admiración.

Conchita esperaba ansiosamente salir de la escuela, pues esto significaba irse de vacaciones y visitar a su abuela. Los días de octubre a enero siempre fueron increíbles porque significaban diversión, astucia para las escapadas y estrategias para subirse a los árboles de mango o de todo aquel que dejara ver en sus ramas la fruta.


 Fotos: Sara Rocío Sánchez Rodríguez.

Una de las escapadas mas esperadas, fue la de ir al río; cada tarde se armaba toda la cuadra para jugar ladrón librado y el avioncito (la peregrina). Conchita, siendo una de las que coordinaba el juego, armaba también la escapada al río. — Pero si no me dan permiso decía Jeannette, y Conchita le decía —no tenés que decir nada pues tu terreno da al río y cuando oigás que te llaman, te saltás rápido el cerco para que no te descubran. Luego de haber armado el plan para la mañana siguiente, cada quien iba entrando a sus casas, pues ya era hora de dormir.

Al siguiente día, después de reunir a todos los niños, el segundo plan era reunir la comida para llevar, —Yo llevo las hojas de jocote con limón dijo Lupita, los mangos los cortamos donde la niña Sara, y la niña Lolita tiene guayabas afirmaba María Elena.

Estando en el río el primer punto era elegir la mejor posa, en donde los butes (peces pequeños) y los renacuajos no les mordieran los pies. Luego, buscar la piedra en donde pudieran tirarse de clavado a la posa; todo esto hacía que el día para Conchita y sus amigos fuera maravilloso, en donde la naturaleza hacía juego, con las carcajadas que resultantes de burlas entre unos y otros niños se hacían; la velada terminaba cuando comenzaba a oscurecer y comenzaban a verse las luciérnagas; esto siempre y cuando no fueran detenidos por cualquier padre preocupado de que pudieran ahogarse.

Aquí no existía un traje de baño sofisticado, y tampoco un bronceador especial para cuidar la piel. Solamente, la aventura de ser niño, la felicidad de estar vivos, los sueños por realizar, esos que con el pasar de los años hemos olvidado. Pero nosotros tenemos que ser como ese río, que siempre va hacia delante, nunca hacia atrás y así poder cumplir nuestros sueños. Y a la vez no olvidar nuestra esencia de ser salvadoreños, porque muchas veces eso sólo lo podemos escudriñar en nuestro pasado.

Por: Rhina Calderón.
rgcvalle@gmail.com

Fotos: Sara Rocío Sánchez Rodríguez.
rocio_pixelescuscatlecos@hotmail.com



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