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Fotos: Sara Rocío Sánchez Rodríguez.

uerida(o) cibernauta, es grato que haya personas que sientan amor por la naturaleza, especialmente por los árboles, como Don Martín Hernández. Siendo originario de San Miguel ha tenido una vida rodeado de ellos. Transcribo para usted estas palabras que dedica a: El árbol de Tamarindo.

"Las lluvias arreciaban y el viento era impetuoso, el centenario y gigante árbol de tamarindo parecía que iba a caerse, pero este titán había soportado y superado miles y miles de tempestades y huracanes que no habían podido botarlo.

A quien sí el miedo le boto el valor, fue a la dueña del mismo, quien decidió arrancar de raíz el hermoso y colosal árbol de tamarindo, creyendo según ella que podía caer sobre su casa.

El dolor en mí fue grande al ver aquel árbol que tuve la oportunidad de conocer alrededor de veinticinco años y verlo hecho troncos en el suelo que lo vio nacer, saber que había sido el hábitat de muchas especies, cuánto dióxido de carbono era transformado en oxígeno a través de esa inmensidad de hojas que tenía, pero ésta es la realidad que vivimos en la actualidad.

La problemática ecológica suele limitarse a la conservación de las especies de los animales y las plantas. Hemos perdido la capacidad de contemplar la naturaleza, la belleza de los árboles específicamente. Hemos olvidado que éstos también forman parte de nuestra vida, ellos son nuestros hermanos verdes, de ellos recibimos el oxígeno y el aire purificado, son laboratorios que trabajan gratis para nosotros, aunque ponen condiciones para su supervivencia.


 Fotos: Sara Rocío Sánchez Rodríguez.

De los árboles recogemos los frutos para nuestra alimentación, de ellos obtenemos leña y madera, remedios y flores porque generosos curan gratis nuestras enfermedades e igual nos deleitan con sus aromas y graciosamente realizan el noble oficio de adornar el mundo. Pocas personas son agradecidas y los cuidan, pocas personas son capaces no sólo de ver a los árboles, sino de mirarlos y poquitísimas más de admirarlos.

Mientras no aprendamos a distinguir las diferentes tonalidades de los verdes; mientras no admiremos las formas geométricas de las hojas, mientras no comprendamos los ricos procesos vitales que se llevan a cabo en el interior de los troncos para regalarnos las medicinas, las esencias aromáticas, los frutos... etc. "estaremos cerca de la vida pero sin tocarla".

Agradecer el regalo del milagro de una flor es el primer paso para aprender a defender la vida y creer en el autor de la misma. ¡Gracias árbol de tamarindo por darme la oportunidad de conocerte y poder disfrutar de tu belleza, tu sombra y tus sabrosos Frutos!".

Espero que esta vivencia de Don Martín sea compartida y ojalá encuentre eco este sentimiento de amor y de amistad a nuestros bellos árboles. Insustituibles y singulares como son; debemos tratar de amarlos y cuidarlos. Viva el mes del amor y la amistad con tanta intensidad como se lo permita su fuerza interior. Nos encontramos en el próximo clic.

Por: Rhina Calderón.
rgcvalle@gmail.com

Fotos: Sara Rocío Sánchez Rodríguez.
rocio_pixelescuscatlecos@hotmail.com



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