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Vivenciando lo nuestro

En El Salvador está Nuestro Nido.

"Es porque un pajarito de la montaña ha hecho,
en el hueco de un árbol, su nido matinal
que el árbol amanece con música en el pecho,
como si tuviera corazón musical"


"El Nido" Alfredo Espino, Poeta Salvadoreño.

M

e atrevo a decir, que este poema lo has escuchado en varias ocasiones a lo largo de tu vida, quizás recitado por un amiguito o compañero de clases, en una velada de la escuela o en el kiosco del parque. Recuerdo haberlo escuchado para un 15 de septiembre después del desfile de mi escuela.

Recordé este poema por una vivencia que he tenido. El inicio de la primavera, que no está bien definido, en nuestro país comienza a mediados de abril a mayo, (es un tiempo breve), es común ver, en el campo, que las mañanas son llenas de sol; con los árboles frescos después de las primeras lluvias, algo peculiar y especial es escuchar el canto de los pájaros. Éstos hacen sus nidos. Si tenemos gallos, es de ley que estos se conviertan en el despertador matinal y enérgicos nos indican que ya es hora de comenzar nuestro día de labores o porqué no decirlo, nuestro día de vacaciones o de paseos.

Sucede día a día en nuestra campiña e inclusive en el pequeño patio de mi casa. Un día arreglando uno de mis rosales observé plumas y se me hizo raro, ¿plumas en un rosal?, la curiosidad me mató y comencé a vigilar todas las mañanas, muy temprano y a escondidas, ¿quién podría estar dejando esas plumas? Para mi sorpresa era una pareja de pichones o lo que nosotros conocemos como tortolitas, haciendo un nido; ellos comenzaban a las 6 de la mañana a trabajar y luego de unos tres días, el trabajo comenzó a tomar la forma de nido. Me agradó ver que el macho siempre estaba pendiente de la hembra y de recolectar los materiales, ésta esperaba y era la encargada de estar aplastando y acomodando las ramas para darle forma al nido.

Luego de unos días encontré ¡un gran regalo! Eran dos huevos blancos y brillosos. La hembra los calentaba desde las ocho de la mañana, hasta aproximadamente las seis del día siguiente. El macho la relevaba de seis a ocho en la mañana, para que pudiera ir a buscar su comida; me sentí tan feliz y agradecida con la naturaleza porque me permitía ser partícipe del milagro de la vida.

Este ritual duró unas tres semanas más, hasta que nacieron los polluelos, los pichones eran cuidados con delicado amor y compromiso; ustedes se preguntarán ¿como puedo sentir o asegurar eso? Porque su canto era alegre y resonante… me transmitía paz y alegría. Luego de varios días los polluelos comenzaron a aprender a volar, fue emocionante ver que la madre simplemente los lanza, sin aviso y los polluelos toman el valor y dejan el miedo en el aire, pues no hay alternativa. Uno de ellos se golpeó y pasó quieto como dos horas, sentí un gran deseo de ayudarlo y ponerlo personalmente en el nido. Pero reaccioné y pensé, con la naturaleza no se juega, puedo hacer que arruine el plan de vuelo.

Luego de tres días de entrenamiento se marcharon. Me sentí triste cuando vi el nido vacío. Experimenté una emoción difícil de explicar: los extrañaría, pero sé que ellos siguieron su instinto de vida y conservación. Abandonando su hogar para ser libres y disfrutar de otros árboles y paisajes.
A nosotros también nos ha costado dejar nuestro nido, las técnicas de vuelo son duras. Nos hemos tenido que ir de nuestro país y por lo consiguiente de nuestros hogares. Para buscar nuestros sueños, para lograr nuestras metas, para un mejor porvenir o simplemente porque la vida así lo quiso.
El nido quedó en mi rosal, lo cuido y protejo. Posiblemente esos polluelos regresen ya que no olvidan el lugar donde nacieron.

Amig@ cibernauta, te invito a que imites a esos polluelos: tú tampoco olvides tu nido. Regresa siempre a tu país, no olvides la patria que te vio nacer. Siempre hay alguien que te quiere, alguien por quien regresar.
En el Salvador te esperamos para poder disfrutarte y compartir nuestro amor contigo.

Por: Rhina Calderón
rgcvalle@gmail.com

Fotos: Sara Rocío Sánchez Rodríguez
rocio_pixelescuscatlecos@hotmail.com


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