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A
lo largo de nuestra vida…tenemos muchas vivencias. Unas las olvidamos pronto; otras no. Duran y perduran aunque pasen días, meses o años. Y no importa de qué tipo sean… a veces no logramos comprender por qué razón algunas dejan huella marcando nuestra vida.

¿Será porque evocamos otras vivencias que tampoco recordamos?

Pienso en ello una y otra vez, lo cierto es que quiero compartirles una de ellas, una deliciosa vivencia por cierto.

Aun siento el sabor tan exquisito en la boca, de esa yuca que comí ese día en Ahuachapán. Una yuca tan blandamente particular, que tímidamente llegó a mi paladar. Contenía encima una especie de chanfaina bien picadita preparada con mucho esmero por Doña Fátima Jacobo.

Doña Fátima es toda una autoridad en materia de yuca en esa localidad. Desde que sale de su casa, aproximadamente a las cuatro de la tarde empieza a comercializar su producto, porque la gente que ya conoce la calidad de antojo que vende le sale al paso.

De forma tal, que cuando Doña Fátima llega a su destino final, a su punto de venta fijo, ya lleva sólo la mitad de su producción.

Fue precisamente eso lo que me llamo la atención ese día… ver cómo la gente se acercaba presurosa a comprar su producto en bolsa y en la calle.

Por eso escribo que llegó a mi boca tímidamente, como no la conocía, como no la había probado, y como no sabía cuan exquisita era esta vianda.

Una vez la probé, no me pude contener. Todavía recuerdo lo grata que fue esa sensación y esa tarde en particular que estuvo sazonada con un rico manjar. Blando, tan blando que no era necesario masticarlo para sentir el sabor tan único, en su punto de: yuca, chanfaina y curtido en una fusión perfecta.

Quiero aclararles que este arte, porque es todo un arte, el de elaborar yuca con chanfaina y un fino picado de cebolla, cilantro y chile es un don especial.

Para l@s que gustamos de la yuca, podemos asegurar que no es difícil que su sabor permanezca en la memoria por siempre. Nos gusta tanto que nos volvemos consumidores exigentes de este platillo y no desaprovechamos el degustar la yuca en cualquier punto, donde nos encontremos, conociendo así sus diversas variantes.

Todo en la vida tiene su recompensa y en pago a las manos amorosas que la preparan con esmero, como Doña Fátima, es que dedico este espacio en el que se reflejan aquellas cosas que en su simpleza hacen que un día corriente sea tan especial.

Nos encontramos en el próximo de la serie y recuerde que estoy a un clic de distancia de usted.

Si usted desea enviarnos sus vivencias para que sean publicadas en este espacio, puede enviarlas a: rocio_pixelescuscatlecos@hotmail.com

Artículo: Maribel Sánchez.
luzcecitas@yahoo.com

Fotos: Sara Rocío Sánchez Rodríguez
rocio_pixelescuscatlecos@hotmail.com


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